La página de Arruillo

Una página abierta a la imaginación

Una granja muy particular (2)

agosto31

…/…Viene de “Una granja muy particular (1)”

Maite se presentó un día en su casa con el gato en una caja junto a una botella de suero que se le estaba suministrando; ella llegó confiada porque todo el tiempo en que había estado junto al minino, éste estaba sedado y apenas se movía, con el colocón que tenía en lo alto ya iba bien servido, pero en el trayecto de la clínica donde lo habían atendido hasta el piso de Maite, el gato se había espabilado y cuando lo colocó en el suelo para cerrar la puerta, el animal se lanzó en alocada carrera sin importarle el artilugio que llevaba adosado a su cuello, ni la botella de suero. El primero en dar la voz de alarma fue Luís, que cuando vio al felino, revoloteaba por todo el piso como si hubiese visto al mismísimo demonio. Los gritos de Luís alertaron a Canela que comenzó a ladrar sin ton ni son, pero por si acaso era necesaria su presencia. Dionisio en vista de los acontecimientos, abandonó sus minutos de sol en la terraza y dirigió el hocico hacia su bunker privado para casos excepcionales; el asunto presentaba mal aspecto y entre las macetas se abría paso con las uñas, hasta conseguir meter la coraza, lo demás era ya cuestión de tiempo. Josefa encontró la puerta del aseo entreabierta y no lo dudó; de un salto se metió dentro de la bañera, que aunque no tenía agua, siempre había posibilidad de que la tuviese, y además allí se encontraba ella más segura. La tía de Maite tenía la tele encendida y el volumen adecuado a su oído, así que de momento estaba ausente, la madre había salido de compras y el padre que se estaba afeitando, tuvo que abandonar tan humilde tarea, y con la toalla reliada al cuello se asomó al pasillo para ver cual era la causa de tan singular alboroto. Mini después de recorrerse gran parte de la casa arrastrando la botella, con Canela a la retaguardia y Luís cerca del lomo, terminó por encontrar un hueco debajo del mueble bar, donde no le llegaba la furia de la perra y era un terreno demasiado peligroso para que el periquito se atreviese a meter baza. Los acontecimientos discurrían a tal velocidad, que a la muchacha apenas le dio tiempo de salir de la misma baldosa en todo el rato, parecía una directora de una loca orquesta con los brazos en alto y mandando órdenes a las que nadie obedecía. La paz llegó con la colaboración del padre de la muchacha, que se llevó a la perra a la terraza y luego tuvo que buscar en la caja de herramientas para ponerse unos gruesos guantes, meter las manos debajo del mueble y extraer al minino que se encontraba en un estado de excitación al borde del infarto.

Maite salía de vez en cuando al campo formando parte de un grupo de amigos, que aprovechaban los efluvios primaverales para entregarse al juego amoroso. Ella distraía su mente con el vuelo de una mariposa que se posaba en una flor, justo al lado de un abejorro que cimbreaba sus alas y alargaba la trompa para alimentarse de polen, al rato salía marcado de amarillo en busca de otra planta en la que libar. Ahora eran las peripecias de un trepador azul las que tenían enajenada a Maite: aparecía y desaparecía en el tronco de la encina, dejándose ver pero guardando las distancias. El recuerdo de Luís se le hacía imprescindible – ¡cuánto disfrutaría su periquito entre tanta rama!-. Pero ella sabía que eso no era posible, aún recuerda aquel otro que tuviera y que en un exceso de confianza, partió sin pedir permiso y todavía lo está esperando. Las aves tienen sus propios instintos y hay que saber hasta donde se les puede permitir moverse. Las voces de sus amigos le sacan de su mundo y le animan a que acuda a la barbacoa, para departir con ellos esas chuletas que huelen que alimentan. Maite se fija durante el almuerzo en aquel chico que siempre le gustó, pero mantenerle la mirada o contestar a sus preguntas le resulta tan difícil, que tiene que desviar la vista y fijarse en el vuelo de la cigüeña o el trinar del pinzón. Cuando ve la actitud de sus amigos, piensa que porqué no puede ella comportarse igual y dejarse acariciar por alguien; está cansada de ver películas en la tele y a veces no se puede contener y tiene que levantarse del sofá con un estado de inquietud que no acierta a comprender… Pero es que en vivo y en directo, ¿Qué tiene que hacer ella para que aquel chico se le acerque? No se atreve a hablar con nadie de este tema y la vez que Canela quedó preñada por un descuido, lo pasó tan mal que de nada sirvió el gozo de ver los cuatro cachorros que tuvo; menos mal que todavía Josefa no había llegado a la casa y que pudo colocar a las crías antes de que cumpliesen un año. Pero la escena aquella de los dos perros enganchados por la parte trasera, tirando uno para cada lado como si estuvieran pegados con superglue, le resultó tan extraña que casi no reconocía ni a su propia perra. Por un instante parecía que se hubiese transformado en un ser deforme de dos cabezas de vértices opuestos. Los documentales de la dos eran una cosa y el directo otra, así que no tenía nada claro como funcionaba eso del himeneo.

Cada vez que salía fuera de la ciudad llegaba con tal carga de felicidad en sus poros, que luego se pasaba varios días repartiendo besos a diestro y siniestro; su pequeño zoológico recibía mejores atenciones y su trabajo en la asociación de defensa de los animales se volvía más meticuloso. Sus padres se alegraban de ese estado de Maite, pero en el fondo no podían ocultar la gran preocupación que sentían por ella, tan desamparada. ¿Qué ocurriría el día que ellos faltasen? Conseguir un trabajo digno era difícil, encontrar alguna alma gemela con quien compartir su vida, más todavía y además no tenía la suficiente destreza como para vivir sola, aunque fuese en medio de aquella jauría que tanto le gustaba. Ya no era una niña, su hermana no parecía tener predisposición de ayudar mucho y en la tía no se pensaba por razones evidentes.

…/…Continuará

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Una granja muy particular (1)

agosto24

Maite vivía en la ciudad, aunque su vocación siempre tuvo que ver con los animales del campo; a ella le daba igual el tipo de paisaje que apareciera en su retina, o los diferentes usos que el hombre le ha dado al medio a lo largo de la historia. Del campo lo único que le interesaba eran los seres vivos que lo pueblan, y como no vivía en el campo convirtió la casa de sus padres en un zoológico – algo ilógico por las dimensiones de la vivienda-. De movimientos algo torpes, le hubiera gustado estudiar veterinaria pero su cabeza no daba para tanto y se tuvo que conformar con un curso de formación profesional, que le sirvió durante un tiempo para trabajar en una clínica veterinaria donde la explotaban.
Tenía una pata que se llamaba Josefa, a la que metía de vez en cuando en la bañera para que se hiciera a la idea de lo que podría ser un lago. Maite se sentaba en la taza del water con la fregona en la mano y le daba migas de pan a Josefa. Canela – su perra – era la que marcaba el tiempo que ella y la pata debían permanecer juntas, porque los celos traicionaban a la perra, y no les permitía que estuviesen demasiado rato encerradas en el cuarto de baño, tanto es así que tuvo que llegar a un acuerdo con su padre – el de Maite –, para que en el turno de baño de Josefa, sacase a pasear a Canela y las dejase tranquilas. La perra aceptaba de muy malas ganas, consciente de que la estaban engañando, pero por otra parte tampoco quería desaprovechar la oportunidad de manchar la acera un poquito. Cuando eso ocurría, Maite aprovechaba la ocasión y dejaba entrar en el cuarto de baño a Dionisio, una tortuga macho que con aquel ambiente húmedo se paseaba alrededor de la taza del water y el bidé, y trataba de escalar por los azulejos, siempre con resultado negativo. Lucía Dionisio en su coraza un pequeño cascabel para permitir tenerlo localizado, y al mismo tiempo como señal de alarma porque cuando sonaba demasiado es que Canela se estaba pasando, y andaba a mordiscos con el pobre tortugo, que tenía marcados los dientes del cánido por todas partes. Maite acudía presta y le armaba una buena reprimenda a la perra, que con el rabo entre las patas y la cabeza gacha reconocía su error. Pasado un tiempo se le olvidaba y vuelta a empezar. En una jaula que se encontraba en la habitación de la muchacha, vivía un periquito que pasaba por ser el rey de la casa. De vivos colores y más atrevido que nadie, tenía la puerta de la jaula siempre abierta, para que entrase y saliese cuado le diera la gana. Se llamaba Luís y a excepción de las horas nocturnas, que se las pasaba en su palo echo un ovillo, el resto del día no paraba de un lado para otro charla que te charla. Tan solo se callaba cuando se posaba en el hombro de Maite, su padre o su madre, porque con la hermana o con la tía no compartía demasiada amistad; la una porque paraba poco en casa y le resultaba extraña, y la otra porque le interesaba más contemplar la televisión que estar pendiente de las gracietas de Luís, aunque Maite se desternillaba de risa cada vez que el pájaro se acercaba por el sillón de la tía. Aquello era un reto, se miraban a los ojos, el pájaro daba un saltito de aproximación y la señora acercaba a su mano el abanico, un movimiento de cabeza aviar y la mano sobre el abanico. Se hacía el silencio, cada cual mantenía sus posiciones, a partir de ahí cualquier cosa podía pasar, y lo que pasaba por lo general es que la señora nunca acertaba con el intento de sacudirle, y el pájaro terminaba por hacerle un vuelo rasante cerca de la cabeza que la sacaba de quicio. A Maite le encantaba esta situación, y como ninguno de los dos implicados sufría daño alguno, dejaba que se desarrollase la escena cada vez que fuese necesario. Con la muchacha se portaba Luís de otra manera, era más dicharachero, le daba picotazos suaves en la oreja y en la comisura de los labios, y obedecía sus mandamientos sin rechistar; de otra manera ya habría sido víctima de alguna descarga eléctrica, porque se llevaba parte del día de lámpara en lámpara, boca arriba, boca abajo, con una pata, con las dos, estirando las alas (no cesaba su actividad hasta oír la voz de la muchacha), y pendiente de los demás animales para ver si comían algo o no. Durante un tiempo Luís se tuvo que acostumbrar a la presencia en la casa de Mini, un gato callejero que llegó a manos de Maite desde la asociación de defensa de los animales, en la que prestaba su colaboración. El pobre gato había cogido una infección intestinal y requería de unos cuidados muy especiales, que en la asociación no podían dispensarle porque no se paraba.

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Cuadernos de viaje: Buenos Aires (9)

julio12

Martes, 11 de Julio de 2006

Poco a poco nos vamos acercando al día 15, que para todos los que estamos de vacaciones, es el que marca la cuenta atrás; lo que al principio fue un mal trago por aquello de la distancia oceánica entre Sevilla y Buenos Aires, se ha convertido en algo distinto porque saboreamos todos los momentos de forma suave y sin prisas, como dándonos tiempo para disfrutar de verdad.- Poco a poco nos enteramos de la cuadra donde vivimos y esto nos da confianza.- Hoy conocimos a un gallego en un restaurante (lo atendía) y nos dijo que volvió a España en su día, pero regresó a Buenos Aires porque una vez asentado y si las cosas te van medio bien ¿qué mas da donde se more?.- Por fin hemos podido ver en el Museo de Bellas Artes la exposición de Botero – hasta las 12`30h no abre el Museo -, y esto nos ha dado pie para conocer el Centro Cultural Recoleta con una exposición de los años de la guerra civil española con pintores mexicanos, argentinos y españoles, destacados en la prensa en su día con los nombres de Dalí, Picaso y Miró.- Las primeras fotos hacen acto de presencia destacando el revelado mucho más barato que en España.- Echamos en falta las comidas de cuchara pero por aquí escasea, así que compramos unas lentejas parpa ponernos a tono próximamente.- Vemos por primera vez completo “Acoso textual”, en al Canas América de la tv. Argentina, motivo fundamental por el que andamos por estas tierras, aunque se fastidia la esperada visita a una de las grabaciones por motivos laborales de la niña.- Cambiamos la ruta y nos vamos a Puerto Madero para toparnos como el que no quiere la cosa, con un puente peatonal que lleva al Parque de las Mujeres, de similares características al del puente del Alamillo, y efectivamente se trata de una obra de Santiago Calatrava: visto de noche y con el fondo luminoso de los barcos y los rascacielos deja huella en la retina.- Por cierto, rectifico el asunto de los albañiles: también tienen rotaflex y suena lo mismo que en España.- Por momentos cuando uno se asoma a la ventana del apartamento y ve tanto edifico gris alrededor y el fluir continuo de taxis por la calle, se acuerda del mes de Julio bajo la parra de la casa paymoguera escribiendo y oyendo ese arrullo de la tórtola.- No cabe duda que todas las situaciones hay que vivirlas para saber en que espacio se encuentra uno más cómodo o cual es en el que le gustaría vivir.- El vocabulario no nos deja de asombrar y ahora resulta que la palabra “gato”, se asocia a las fulanas y de esa guinda se les llama sin saber, en principio, que tiene que ver el precioso minino con la prostitución: cosas del lenguaje.- Eso sí, nos enteramos de rebote que estamos situados en un lugar donde existe ese mercantilismo, aunque debe ser discreto porque no nos enteramos de nada.- Caigo en la noche de hoy con algún asomo de problemas estomacales pero sin menor importancia al levantarme a la mañana siguiente, luego de un reposo de diez horas seguidas.- Esto se va pareciendo a una cura de sueño.-

Cuevas de Santiago

junio29

Descripción del itinerario
Cogiendo por la carretera en dirección Guadalcanal y a 16 kms. de Cazalla a la izquierda parte el carril que se dirige a la Hoya de Sta. María. El carril discurre por una zona bastante desértica y árida, típica del clima caluroso del sur de España, con algunos cortijos sólo al principio y con amplios campos cultivados en grandes extensiones poblados sólo por unas pocas encinas que constituyen un exponente claro de una gran parte de la vida en Andalucía. Tras varios kms. El carril cruza por un puente del río que desemboca en el pantano de El Pintado. Siguiendo el curso del río hacia arriba por su margen izquierda, a unos cientos de metros veremos arriba a la derecha unas bocas y entre ellas la principal del complejo de las Cuevas de Santiago, con 21 bocas distintas y yacimientos arqueológicos de gran importancia. Estas cuevas aunque de fácil acceso requieren unas mínimas preocupaciones y conocimientos para poder acceder a ellas con unos mínimos de seguridad, siendo de gran belleza geológicas.
PARQUE NATURAL DE LA
Con una extensión de 167.653 has. Se encuentra ubicado el PN de la Sierra Norte de Sevilla, en la zona central de la Sierra Morena Occidental, y sirve de enlace entre el PN de Sierra de Aracena y Picos de Aroche (al Oeste) y el PN de la Sierra de Hornachuelos (al Este). Al sur se sitúa el valle del Guadalquivir y al norte la meseta extremeña. Con una altitud que va desde los 33 a los 960 metros sobre el nivel del mar, el PN de la Sierra Norte de Sevilla abarca los términos municipales de Cazalla de la Sierra, Las Navas de la Concepción, San Nicolás del Puerto, Alanís, Guadalcanal, El Real de la Jara, Almadén de la Plata, El Pedroso, Constantina y la Puebla de los Infantes.
SIERRA NORTE DE SEVILLA
Ecosistemas: El PN abarca una gran variedad de ecosistemas, destacando por su extensión y relevancia, tres ecosistemas muy característicos: la Dehesa, El Bosque de Ribera y el Bosque Mediterráneo.
La Dehesa: es el referente principal de toda la Sierra Norte de Sevilla. Surge como consecuencia del aclarado (talas) que el hombre ha ido realizando a lo largo del tiempo sobre el primitivo bosque autóctono de encinas y alcornoques. Este aclarado ha ido abriendo espacios de pastizales en el bosque originario, convirtiéndose así en un espacio para el aprovechamiento ganadero y maderero. Con las especies arbóreas de encinas y alcornoques, convive una abundante fauna (buitres, ciervos, águilas, conejos, jabalíes, cigüeñas, topos…).
El bosque de ribera: se extiende a lo largo de los distintos cursos de agua. Se caracteriza por una vegetación ripícola (fresnos, abedules, sauces, alisos, chopos, álamos, tarajes, adelfas…) y una fauna asociada a los cursos de agua y a la vegetación de ribera (martín pescador, lavanderas, nutrias, ratas de agua, tejones, bogas, truchas, gobios, libélulas, anfibios…). Por su importancia, sobresalen los del Viar y el Hueznar.
CAZALLA DE LA SIERRA
Es el pueblo más importante de la comarca y cuenta con un bello casco urbano, en el que destacan la Iglesia mudéjar junto a las murallas almohades y su Cartuja del siglo XV.

Tan solo hace tres poemas

junio15

Tan
sólo hace tres poemas
que reavivé
el rescoldo de aquel fuego
y he tenido que abrir la ventana
sediento de aire.
El griterío
y un sin fin
de tubos de escape
engulleron la lluvia,
como esponjas de desorbitados POROS.
Por jardines y plazas públicas
precursores pétalos
rompen la monocromía
del verde,
y los receptores de radio
multiplican los minutos dedicados
al folklore en compás de tres por cuatro.
Mientras tanto
sigo inmerso
en los tentáculos
inflexibles de la MUSA.
Tan sólo me deja libre
un brazo para escribir
y una tenue iluminaria
en algún lóbulo perdido
de mi cerebro.
Se agolpan las IDEAS
en desesperada lucha
con multitud de lecciones
a medio digerir.
Cada frase
cada palabra
ha de pasar
por el tamiz, antigua ventanilla,
para que algún amigo
atentamente
le estampe el sello del VºBº
¿Y esto será poesía?
¿estas caprichosas líneas
formaran versos?.
Al final de la tarde
dudo…
Si estaré degustando cada instante
la finura de un rubio licor
o la amargura de un desconocido veneno.
Poetas
y poesía
pululan por mi alrededor
como gráciles mariposas
llamativas e inquietas.
¡MUSA!: Acude en mi ayuda
y sácame de este abismo
donde
no se si me hallo.

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Contenedores (y3)

junio8

…/…Viene de Contenedores (2)

Se hizo la noche y allí seguía, sintió como si llamasen a la tapa-puerta y con toda la familiaridad de la que era capaz, como si se tratase de la puerta de su chabola, levantó un poco la portezuela y se introdujo en ella una bolsa que colgaba de unos dedos. Como veía que no acababa de caer la bolsa, la sujetó con una de sus manos, mientras que con la otra sostenía la tapa, entonces los dedos cedieron en la pinza que ejercían sobre la bolsa y se esfumaron. Ni dio las gracias. Pasó directamente a la inspección ocular del contenido de la bolsa porque oler, olía bien y estaba hasta calentita, así que no era cosa de perder el tiempo no fuera a ser que se enfriara. Se acomodó, extrajo el contenido y se le pusieron los ojos a cuadritos, cuando vio aquella apetitosa pizza que tan sólo conocía de la propaganda que encontraba entre los cartones, con el queso fundido chorreando por sus bordes y los trocitos de bacón incrustados en la masa; le lanzó dos primeros mordiscos que se manchó hasta las orejas, luego mientras engullía tanteó la bolsa y se dio cuenta que había algo más: una cosa como cilíndrica, que no estaba caliente. “Anda la leche”, una lata de cerveza que no estaba vacía; tiró de la anilla con tanto ímpetu que salió el espumoso líquido buscando aire libre y le dio una ducha con olor a cebada.

No había hecho más que expeler el tercer eructo cuando de nuevo sintió que alguien merodeaba por los alrededores. Se encogió y permaneció en silencio. En vista de cómo iba la jornada lo mejor era relajarse y esperar acontecimientos. De nuevo una mano que asoma, una bolsa que cuelga y los ojos del Marué que no se lo creen. Un ligero balanceo de la bolsa le hacen sospechar que o la coge o se puede llevar allí bailando toda la noche, así que estira su brazo y se apodera de ella. Al cogerla, con sus dedos roza los dedos que sujetan la bolsa y experimenta una sensación placentera que le hace chiribitas en la boca del estómago; quiere dar el paso de asomarse a ver de quien se trata, pero le falta ese último impulso y los pasos suenan a retirada, así que se deja llevar por los instintos, vuelve al rincón y al desabrochar la bolsa se encuentra con un apetitoso pastel de manzana al que no le ganan ni los del escaparate de la Cafetería Estepona. Del pastel no dejó ni el molde; pasó su lengua una y otra vez por la base de cartón hasta dejarla reluciente. Ni se había puesto los pantalones, olvidó por completo el motivo de su presencia en ese receptáculo y cayó en un estado de somnolencia, que lo llevó al poco rato a estirarse todo lo que pudo sobre los cartones y quedarse dormido como un bendito.

El peso de la noche cayó sobre la ciudad y los operarios del servicio de recogida de basura comenzaron a desplegarse con sus enormes vehículos articulados, cómodamente instalados en la cabina de los camiones. Por eso al llegar el turno de recoger el contenedor en el que se hallaba el Marué, nadie oyó sus gritos tratando de salir del mismo, peleándose con la trampa-puerta allá en lo alto como si estuviese en los cacharritos de la calle del Infierno. Por el barrio donde vivía imperaba la miseria y nadie lo echó en falta, ni siquiera su madre-abuela que bastante tenía con sobrevivir evitando, que ningún indeseable se le instalara en la chabola, aunque dicen por otros sectores de la ciudad, que ese muchacho que pasea del brazo de la Luci, tan bien arreglado y lustroso, es la viva estampa de aquella cabeza estropajosa, que se llevaba todo el día entrando y saliendo de los contenedores de basura.

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Contenedores (2)

mayo31
…/…Viene de Contenedores (1)

Una vida muy aburrida para un personaje de novela como él, por eso el destino le tenía preparada una sorpresa: cierto día en que le dio un apretón en un lugar menos frecuentado por él, hizo lo de costumbre, se dirigió a los contenedores, levantó la tapa de cada uno de ellos y en el que le pareció más adecuado se metió con la misma naturalidad que solía hacerlo a diario, aunque en esta ocasión ya había notado que en aquel habitáculo de plástico pasaba algo raro, pero como iba a lo que iba, se desabrochó el cinturón, se bajó los pantalones y cuando se disponía a agacharse para hacer sus necesidades, escuchó un ligero susurro: “Espera un momento Marué, ¿qué vas a hacer?” Marué se levantó los pantalones, se dio con las greñas en la tapa del contenedor y no podía creer que estuviera acompañado, ¿quién era ese tío que estaba dentro del basurero, si eso era patrimonio suyo? Lo miró de arriba abajo sin decir palabra, se sentó en un rincón y le dijo: ¿Tienes un cigarro?”Claro que tenía un cigarro, precisamente se ocultaba en el interior del contenedor porque estaba hasta las narices de que todo el mundo estuviese detrás de él recordándole lo malo que es fumar en el trabajo, en su casa, en la calle, es que no se podía fumar uno un cigarro a gusto, sin tener la presión de los demás encima de los hombros; no sentaba tan mal la nicotina como las miradas que le lanzaban unos y otros; él de por si que era tímido. No le había quedado más remedio que refugiarse en el contenedor, donde seguro que no molestaba a nadie ni nadie le llamaría la atención. Marué estaba alucinando con las cosas que le contaba su compañero, que hablaba por los codos pero que tenía cierta gracia al contarlo, y lo curioso es que a pesar del sitio donde estaban metidos, aquel hombre olía bien, no como él que entre lo poco que se lavaba y el oficio que se traía entre manos, andaba siempre rodeado de un tufo característico de su especie. Ni siquiera se había dado cuenta, que en el momento de aparecer entre las bolsas y los cartones le había llamado por su nombre como si lo conociese de toda la vida. El hombre le dijo que tenía alguna prisa, pero que no dejase de venir al día siguiente, porque le interesaba mucho seguir hablando con él, y además le prometió algunos euros de los de verdad, sin que tuviera que ponerse a trabajar ni nada de eso; sólo quería hablar con él.

El hombre se fue, asomándose poco a poco para no ser descubierto en su salida del artilugio urbano, y Marué sin darle demasiada importancia a lo que le había ocurrido, volvió a desabrocharse el cinturón, que en realidad era por lo que estaba allí; pero antes de que pudiera agacharse, oyó pasos cerca del contenedor y se contuvo un instante. Se ocultó detrás de un cartón y esperó acontecimientos. La tapa-puerta fue descubriéndose lentamente y sin ver bien que ocurría, si se pudo dar cuenta de que alguien estaba entrando en el recinto. Buscó un resquicio por donde mirar y se encontró de buenas a primeras con el muslo de una gachí como las que veía en las revistas de las puertas de atrás de los quioscos. Quiso cerrar los ojos pero estos se negaron a obedecerle, por el contrario sus menudos dedos fueron proporcionándole un mayor ángulo de visión de aquel espectáculo a todas luces inesperado. La joven comenzó a quitarse ropa como si estuviese en el hall de su casa y al Marué cada vez era más difícil controlar sus impulsos. En su puñetera vida había estado tan cerca de una cosa tan apetitosa como aquella. Es que no tenía más que alargar un poco la mano y ya podía tocarla. Cuando ésta se encontraba tan sólo con las bragas y el sujetador como únicas prendas sobre su cuerpo, a los oídos del Marué le llegó una canción: “Venga muchachote, sal de ahí que te estoy esperando”. De un manotazo mandó a hacer puñetas el cartón que le ocultaba y se abalanzó sobre Luci como un león en celo. “Tranquilo muchacho, despacito que no tenemos prisa”. Marué era sordomudo provisional, sus tentáculos tocaban todo lo que podían y con los labios enrojecidos pretendió dar un repaso generalizado por toda la anatomía de la muchacha. Luci lo desnudó con gran habilidad, le clavó sus dedos en aquellas nalgas oscuras y lo apretó contra su cuerpo provocándole un estado de catarsis que dejó a Marué boca arriba pero entero. Luci maniobró adecuadamente, acomodó su cintura el movimiento convulsivo de Marué y lo fue domando poco a poco. Ella no tenía claro si terminaría impregnada del mismo color que el muchacho porque ambos sudaban como si estuviesen en una sauna, cerró los ojos y se dedicó a disfrutar del momento, hasta que aquel pedazo de carbón expelió un alarido que hizo tamborilear la tapa-puerta. Mientras él recuperaba el aliento, ella se fue vistiendo y acicalando, abrió su bolso, le puso en la mano unos cuantos cigarrillos y antes de que dijese nada, besó sus labios. “Mañana te espero a la misma hora, no me faltes” y como quien no quiere la cosa abrió la puerta, miró a un lado y a otro y saltó al exterior. Marué estaba en ese momento que no sabía si pellizcarse, pegarse dos bofetadas en cada moflete o irse para la unidad de psiquiatría del tirón. Pasó una hora arrinconado, fumando sin parar, desnudo como dos días después de venir al mundo, y tratando de interiorizar lo que pasaba en ese contenedor del que no quería salir por nada que le ofreciesen.

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Contenedores (1)

mayo20

Es fino como un alambre y con una pelambrera estropajosa que le hace fácilmente identificable por cualquier calle. De andar ligero, casi siempre va solo, contándose a si mismo lo difícil que está el tráfico y encima el gracioso ese todos los días, pone el coche en el mismo paso de cebra, que no sé para que se gastan dinero en hacer el rebaje de las aceras, cuando le van a tener que poner alas a las sillas de ruedas. Los botines semidesabrochados en alguna ocasión tuvieron un color determinado, pero ya hace tiempo que no se sabe bien si son blancos, marrones o con listas azuladas. Viéndole caminar parece imposible que no tropiece consigo mismo, porque tiene un movimiento de caderas que le hacen castañear las rodillas; pantalones vaqueros que le arrastran, hasta el punto de tenerlos deshilachados por la parte baja; una camisa mal abrochada y a veces un jersey con el cuello en la espalda, como de ponérselo de prisa y corriendo todas las mañanas, y no acertar nunca que es palante y que es patrás. Su mundo discurre entre contenedores de basura donde busca y rebusca para llenar hasta las trancas del carrito de carrefur, habilitado para estos menesteres. Lo del reciclaje aún no lo tiene claro el personal, y a él le viene divino que se siga tirando de todo al contenedor gris de residuos domésticos. Antes era distinto, porque con el cartón y el papel podía mal que bien buscarse la vida, pero desde que pusieron tantos impedimentos para sacar el papel de los contenedores y pagarlo además tan bajo, no merecía la pena jugarse el tipo y tener que pelearse con los municipales cada dos por tres, así que con lo del biombo gris va tirando. Aparenta treinta y pico de años, aunque nunca se sabe, es esas circunstancias lo de menos es la edad y lo demás buscarse el sustento diario; con frecuencia camina junto a él una señora encorvada, de menor estatura y que lo mismo puede ser su madre que su abuela. Gesticulan mucho con las manos, como si nunca encontrasen la palabra justa que encaje en la conversación. Pero él se ve que está, en lo que está y no hay un solo contenedor por el que pase, al que no tenga que asomarse, remover un poco y en su caso apartar algo en el suelo, por si luego a la vuelta le viene bien llevárselo a la chabola. La mujer le suelta una reprimenda en un jerga difícilmente inteligible, pero que fijándose un poco viene más o menos a decirle, que deje eso para luego que ahora tiene prisa, que tienen que estar a las tantas en el médico y que si no fuera por ella, ya se habría quedado tieso en el interior de uno de esos cacharros de la basura. Y no le faltaba razón a la señora porque el muchacho echaba tantas peonadas alrededor de los contenedores, que en más de una ocasión se metía dentro, cerraba la tapa y allí como una rata en vaqueros y con greñas husmeaba, rebuscaba y hacía todas sus necesidades con la mayor naturalidad del mundo. Por la noche llegaba el camión de la basura, recogía y a la mañana siguiente todo volvía a comenzar de nuevo.

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Cuaderno de viajes (8)

mayo4

Lunes, 10 de Julio de 2006
 
El día de hoy decidimos empezarlo culturalmente, pero nos topamos con que el Bellas Artes cierra los lunes.- Aunque los maxikioscos están siempre abiertos, los museos (al menos éste) es otra cosa.- Nos vamos al Jardín Japonés en una mañana clara de Sol aunque algo fresca.- La humedad ha descendido al 60% y eso se nota.- El Jardín es privado y por tanto el cuidado y mimo con el diseño se nota bastante: juegan con el agua, las fuentes de caña, los símbolos japoneses y las plantas.- En él encuentro otras tantas aves en libertad que aún no había visto por otros sitios, en especial un cormorán que parecía pegado a una roca.- Una exposición de cuadros de un argentino que emigró a Japón, así como otra de fotografías completan el cuadro.- Es un lugar donde se organizan muchas actividades, especialmente para los jóvenes.- Como la mañana sigue buena nos encaminamos al Museo Latinoamericano que habíamos visto en las inmediaciones.- En el trayecto nos detenemos en las puertas de un enorme cuartel de la policía federal, con grandes zonas ajardinadas y un curioso calendario en el suelo donde se coloca el día en el que vivimos.- Aquí en Azcuénaga disponemos de varios ruidos matutinos que amenizan esta escritura: obras de albañilería en el bloque, que suenan exactamente igual que en España: martillo y cincel; tráfico rodado incesante y un bajante que hace unos días no cesa de verter agua, a veces gota a gota como si estuviésemos durmiendo a la orilla de una fuente; menos mal que el sueño puede con todo y a las ocho o nueve horas no hay quien me las quite.- El Museo de Arte Latinoamericano es una maravilla en todos los sentidos: En cuanto al edificio en si, de corte modernista y en cuanto al contenido.- Se le queda a uno una cara de bobo ante la apabullantes muestras de cultura que te encuentras por todos lados y que contracta sin duda con la pobreza que se palpa en muchos aspectos de la calle.- Encontramos montones de galerías de arte, tiendas superlujosas y portales de bloques en los que se podría comer en el suelo, con sus porteros uniformados, siempre mirando a través de los cristales para entretener sus horas de tedio.- Ciudad de contrastes sin duda.- Un taxi nos lleva al mismo bar donde nos comimos las truchas para degustar en esta ocasión una merluza empanada con patatas y un sabroso flan con dulce de leche.- A través del medio usual como es el locutorio conecto con la madre patria e intercambio correos con mi hija y Manolo: Victoria ve (a petición propia), a su hija en el Canal 4 de la televisión en un bar cercano.- A la vuelta al hogar decidimos ir al cine en un complejo que tenemos aquí, al ladito del cementerio, vemos una película francesa subtitulada, que no está mal.- El título tiene algo que ver con el corazón (El latido de mi corazón.- Da la sensación de que ya tenemos tomada tierra y hacemos cosas que podríamos estar haciendo en Sevilla, se siente uno como más tranquilo.- En la librería Cúspide – aquí al lado -, hacemos uso como acostumbran por aquí de los libros para repasarlos tranquilamente: Victoria enterándose de la historia del país y yo aclarándome con la avifauna poco a poco, porque es difícil encontrar una guía al uso como que las tenemos allá.

Casi una historia de aves III

abril23

…/…Viene de Casi una historia de aves II

La tórtola símbolo de los poetas, relámpago azul para otros, posee una para nupcial que encandila, un arrullo que ensimisma, una forma de darse el pico que atrae, y un ascenso vertical, como cogidos de la mano, que le lleva hasta las mismas puertas del cielo. Lo lamentable y doloroso es que todos los veranos, cuando aflora a nuestros bosques, se encuentra con la sed incontenida de escopeteros para los cuales nada de esto importa, los cañones has de escupir plomo y las tórtolas pagar las consecuencias de una actividad que por mucha regulación que tenga no deja de ser una trampa mortal para una especie, a la que bien pudiera terminar ocurriéndole como a su pariente, la paloma migradora americana que, de bandos de millones de individuos, pasó a desaparecer como especie en unos pocos años. Muerte en movimiento para probar la pericia del cazador, el cual utiliza otra artimaña no menos cruel en el caso de la perdiz: aprovechar la época de celo para acabar con unos amores atraídos por el reclamo. Si en ningún caso están justificadas las armas de fuego, en situaciones de tan desigual lucha es donde menos sentido tiene su continua e imparable utilización. Caemos, de nuevo, en un caso de conciencia.

Por fortuna ni todos los hombres son escopeteros, ni a todas las aves se las trata con tanto desprecio. La popular cigüeña, por ejemplo, es tan querida allí por donde mora, que en determinados pueblos de la serranía gaditana, hay personas que se sienten tristes por la no presencia de la zancuda; estaban tan hechos a verla llegar cada primavera que ahora, al no hacerlo, parece como si les faltara algo. En Jimena de la Frontera existe una colonia de ocho o diez nidos, colocados sobre la ruina de una antigua fábrica de bombas, donde estas picudas conviven con unas personas que habitan en el lugar y en el cual no hace falta la figura del proteccionista del Estado, ni siquiera la testimonial de los ecologistas, puesto que son de la colonia. Por regiones, Extremadura se lleva la palma en cuanto a respeto hacia la especie (posee el 50% de las cigüelas españolas), pudiéndose observar desde muchas carreteras las hileras de nidos colocados sobre los postes eléctricos. Se da incluso la paradoja de la existencia de un pueblo, el Gordo, donde el número de habitantes y el de cigüeñas casi caminan parejos, unos cuatrocientos. Y tan felices. No obstante hay que decir que a pesar de todo aún quedan parajes que continúan sufriendo la incomprensión y las aves han de emigrar hacia nuevos pastos para poder disolverse sin problemas de vecindad.

De sonidos de aves está lleno el campo. En cualquier época de año las frondosas riberas, la dehesa, el monte, cobijan tal cantidad de individuos cantores que tan sólo cuando uno se detiene y se dispone a captar esta singular sinfonía es cuando puede apreciarse el tesoro oculto que poseemos. La tórtola, el cuco, la abubilla, la codorniz juegan con nosotros a descubrir sus escondites; el mirlo, el carbonero, el alcaudón pretenderán despistarnos con exhibiciones de la siringe para que nunca sepamos a ciencia cierta si se trata de ellos mismos; la cogujada, el jilguero y el triguero lo harán a pecho descubierto, con todo el orgullo de que se sabe dueño de un fruto sabroso que hay que pregonar; y por último, en el recuerdo de esta breve muestra hemos de citar el portentoso ruiseñor capaz de entusiasmarse tanto por su obra que ya no sabe cuándo es día ni cuándo es noche.

De la mano de la gente de bien han salido de paseo, fueron al cine, al teatro, al baile; visitaron museos de arte, exposiciones monográficas y colectivas; escucharon conferencias, audiciones musicales, se vieron en los escaparates de las librerías. Se codearon y supieron estar en el mundo hasta hacerse un lugar de privilegio del que nunca deberían salir. El hombre, aunque sólo fuese en señal de respeto, tendría que esforzarse por que esto fuese posible. La población aviar sabrá corresponder a tal gentileza.

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