
La rural era una oferta que teníamos pendiente de hacía varios días, por aquello de asomarse un poco a la vida campesina de Buenos Aires o de la propia Argentina.- El recinto en si, cercano al zoológico es un conglomerado de pabellones antiguos y modernos con espectáculos al aire libre y concursos de animales varios.- Como en todos lados, el gentío era inmenso, recordando un tanto a los tiempos de la Expo, con numerosos stand, sitios donde comer y muchas boinas – algo que parece propio de lo rural -. – Enormes ovejas con una lana de lujo a las que cubren para que no se les manche; vacas de todos los tipos y formas imaginables, a las que atienden adecuadamente hasta que les llega la hora de concursar; cabras, caballos y no sé si algún que otro bichejo porque andábamos con prisas en la mañana de hoy.- Pudimos presenciar un concurso de reses, otro de llamas y otro de cabalgadas, dicho sea de forma ligera.- Varias emisoras emiten en directo el evento que dura varios días.- Otros sitios presentan maquinarias de todo tipo relacionadas con la agricultura y ganadería, algunas de ellas en plan monstruoso como todo en esta tierra.- Se complemente todo el evento con un montón de tiendas donde no falta de nada a la hora de vender: Muchos artículos relacionados con el cuero y artículos del caballo, ponchos de lana que se te van los ojos y cantidad de pequeñas minucias propias para llevárselas a los amigos y familiares y quedar bien con todos.- V.llena las alforjas para que no falte de nada.- Un taxi nos devuelve al campamento base y comemos en un bar cercano el menú del día que siempre es el mismo vayas por donde vayas: carne, merluza y pastas; no me resisto al flan casero que si que pasa por ser algo interesante.- Por la tarde nos estaba esperando el Canal 2 de América para asistir en directo a la grabación de uno de los programas. V.se convierte en la estrella de la tarde: ahí está ella rodeada de todas las chicas del programa, agasajada por su conductor e incluso participando con sus opiniones.- Como el asunto va sólo de mujeres, a mí me colocan en ese lugar donde no se ve a los hombres, pero que se puede ver todo perfectamente. Asistimos a la grabación de dos programas de “Acoso textual”, ese producto televisivo que sale todos los días de cinco a seis de la tarde en el Canal 2 de América.- Una experiencia bonita.- Luego vino una copa con algunos de los componentes del programa y más tarde una cena un tanto especial por el lugar donde se llevó a cabo.- Es una librería existe una especie de patio con una cuantas mesas, donde te atienden de lujo dentro de la programación general de menuses que existe en esta ciudad.- Probamos una sopa con sabor a champiñones y que está sabrosa y bien presentada para terminar con un postre de chocolate caliente que es la estrella de la noche.-


Ella es de pelo blanco y él de pelo negro. No tienen raza definida pero son fieles guardianes de la casa. Sentados en la puerta, aguardan a que salgan sus dueños para hacer la ronda del día por los contenedores del barrio. A veces tienen un hueso que roer, a veces una botella de plástico y otras se mantienen pendientes a cualquier movimiento de la calle. En algún momento emerge por el apuntalado pasillo la figura desgreñada de un hombre de mediana estatura, que trata de no pisar todos los charcos de agua que se acumulan en un rincón hasta encontrar un husillo por donde perderse. Se dirigen hacia él moviendo el rabo, les deja unos cuantos pellejos de chorizo y un trozo de pan duro y lo celebran gozosamente. En el interior alguien grita, pero ellos están pendientes de los movimientos del hombre, de sus órdenes de ver si coge el destartalado carro de tracción humana, o vuelve a meterse el interior de aquella catacumba con balcones. Sus caras reflejan nobleza y a nadie que pase a su lado asustan, pero hay una línea imaginaria en el umbral de aquella casa que no traspasa cualquiera. Ella y él – blanca y negro -, tienen la clave de acceso.


Esta es mi aportación a la sugerencia de Virginia. Lo hago en forma de poema porque es lo que me pide el cuerpo, espero que os guste.
Porque un día llamó
el amor
a la puerta entreabierta
del callejón abandonado,
crecieron ortigas en mi cenicero.
Era un amor desconocido
mitad beso mitad verbo algodonado.
Reclamaba como propio
lluvias de meteoritos
amapolas por la sementera
y ardientes brazos circunvalatorios.
Se preguntaba este amor
por la incomprensión nacida
en aquel recóndito valle
de huracanes sin bozal.
Pisapapeles amarillentos impiden
leer el decreto,
surcos de barro
marcan mi mejilla.
respiro a borbotones, grito
y no me oigo
El amor late, galopa,
en corcel de negra crin,
deja su huella en la playa.
Sube acompasada la marea.
Ahora tengo entre mis manos
labios resecos, adormecidos,
a los que entreno cada mañana
en el arte de soportar
horas de tedio en incorruptible.
sillón giratorio,
Remolinos de verano
a los que pretendo reconvertir
en suave brisa nocturna.


Se levantó por la mañana y notó algo extraño en la oreja; como aún no estaba bien despierto, no tuvo fuerzas para mirarse al espejo, así que encaminó sus pasos a la cocina, preparó la cafetera y mientras templaba la leche en el microondas, se acordó que tenía que llamarla. Puso la cafetera y preparó la tostadora, descolgó el teléfono pero no se acordaba del número: necesitaba el móvil para mirar en la agenda; el microondas emitió un pitido, volvió a darle, colocó la rebanada de pan, se fue al salón a buscar el móvil, olía a café recién hervido; no aparecía el móvil, se fue a la salita y desfondó el sofá; la tostadora lanzó las rebanadas de pan en la encimera, en la cocina olía a café requemado, volvió al dormitorio y buscó entre las sábanas y el edredón; se le estaba pasando el hambre. Se fue a la ducha y escuchó un fuerte chasquido como de explosión, abrió el grifo pero reaccionó rápido y corrió a la cocina: cortó directamente el térmico del cuadro eléctrico, cerró el grifo de la ducha y volvió a meterse en la cama tapándose la cabeza con un cojín; en ese momento sonó el móvil, se activó el reconocimiento de voz y allí estaba ella. Por fin sus músculos encontraron laxitud.

abril 25th,2012
Genera
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…/…Viene de Una parada obligatoria (5)
Se ve el mar, se ven las salinas
A Cádiz, 1 kilómetro.
Alejandra y Matías se habían vuelto del día de campo porque en la sierra el tiempo estaba infernal, por lo que el jefe de expedición, en un momento dado decidió que lo mejor era no seguir con la ruta y regresar. Cuando llegaron al portal de la casa de Alejandra, ésta tuvo un presentimiento y llamó a su hijo:
—¿Augusto? ¿Estás en casa?
Augusto estaba en casa, pero no estaba solo. Al parecer gozaba de grata compañía, por lo que le pidió a su madre que le diese un pequeño espacio de tiempo para poner un poco de orden. A regañadientes y por insistencia de Matías, decidieron hacerle caso al muchacho y se metieron en una cafetería próxima sin saber muy bien que estaban haciendo. Apenas le habían dado un par de sorbos a la taza de café, cuando vieron caminar a paso ligero, bajo el mismo paraguas, y por la acera de enfrente, a dos personas que nunca hubiesen podido imaginar verlas tan juntas: Augusto y Nieves. Se miraron los dos, quedaron mudos un instante y casi por acto reflejo buscaron los móviles y marcaron los números de sus hijos. Más tarde subieron al piso de Alejandra y prepararon una tila, sin reparar en las condiciones en que se hallaba la casa, ni el olor a tabaco, ni las manchas del suelo, ni nada de nada.
—Y ahora ¿qué hacemos Matías?
—Yo que sé…De momento irme a mi casa y hablar con mi hija, no quiero pensar ni decir nada hasta que hable con ella.
—Yo a éste lo cuelgo.
—Bueno, tranquilízate porque no sabemos nada, solo imaginamos. Espera a que venga y hablar con él.
—¿Qué hable con él?
—Si, habla con él, yo me voy a ir, que al final vamos a coger una pulmonía. Ya hace tiempo que nos teníamos que haber dado una ducha y aún…
—Si quieres…
—No, no quiero, prefiero llegar a mi casa cuanto antes y ponerme al día de todo. Ya hablaremos. Adiós.
Final de trayecto
Ni Alejandra pudo con la presión de ver a un Matías demasiado preocupado por su hija pequeña, ni Matías fue capaz de liquidar de forma definitiva su proyecto de familia. En lugar de ser la amante quien ocupase las cuatro paredes de su nuevo hogar, fue la madre de sus hijas quien se instaló en el piso, al ver como Silvia mejoraba anímicamente en la misma proporción en que sus padres frecuentaban sus visitas. Alejandra se escudó en sus amigas para tratar de encontrar una explicación lógica a todo lo ocurrido, pero ni una ni otra fueron capaces de contestar el tremendo golpe que le tenía reservado el destino. Por su parte Augusto y Nieves siguieron con su relación porque sus padres poco podían hacer por muchas connotaciones que tuviese esa inesperada atracción entre los jóvenes. Ellos – Alejandra y Matías – no habían sido capaces de ver lo que de forma tan sencilla estaban llevando a cabo sus hijos. ¿Era el final de un trayecto o tal vez simplemente se había tratado de una parada obligatoria?
